• Ricardo Morales

La amenaza invisible a la seguridad alimentaria

¿Debemos producir más alimento? Aunque se ha vuelto un fraseo común, la realidad es que es un argumento debatible.


Modificando patrones nutricionales y reduciendo el desperdicio, la producción actual y los recursos empleados en ella deberían ser suficientes para alimentar a la población actual, y posiblemente a la futura.


A lo largo del camino han existido salidas falsas para acabar con el #hambre: el fracaso de los #OGM, los –por muchos años- ocultos y dañinos efectos de los #agroquímicos, el incremento en la dependencia de proteína animal y el acaparamiento de los recursos escasos, principalmente #agua y #suelo, por parte de la agricultura concentrada en pocas manos, no han logrado acercarnos a la #SeguridadAlimentaria.


La industrialización del campo y la #RevoluciónVerde no acabaron con el hambre, ni con la #pobreza rural. Incluso, trajeron consigo consecuencias negativas en múltiples aspectos. Mientras la calidad de los alimentos se ha visto mermada, generando además un enorme desperdicio, ha creado una brutal desigualdad económica entre campesinos. También modificó el paisaje, los ecosistemas y su #biodiversidad en múltiples regiones, acabando con ellas para siempre en diversos sitios del planeta.


Los suelos son la base de la seguridad alimentaria. Foto: © Cynthia Pliego

La amenaza invisible

Dos consecuencias menos visibles son sus efectos negativos en las condiciones del agua y suelo. La producción de alimentos es el principal uso que le damos al agua y al suelo en el mundo. Casi todas las regiones con agricultura industrial presentan estrés o escasez hídrica y suelos degradados. Para esto último, dos factores importantes en la persecución para producir más alimento han sido la expansión de la frontera agrícola y el uso intensivo -en muchos casos desmedido- de insumos químicos.



Condiciones de suelos y agua (cuencas / Acuíferos) en México. AgroDer, 2018

Ambos son preocupantes y requieren acciones. Aunque los dos son riesgos latentes, el #agua ha recibido mucha más atención que los #suelos; incluso, existen propuestas mucho más robustas encaminadas desde la métrica y parámetros de condiciones de cuencas y acuíferos, la gestión integrada de recursos hídricos y las alianzas hacia la #SeguridadHídrica (muchas de ellas aún en desarrollo, en etapas experimentales o de socialización), que hacia remediación, regeneración y restauración de suelos.


Debemos tomar acciones urgentes y aceleradas

Antes de preguntarnos si debemos o no producir más alimento, es preciso plantearnos la inminente necesidad de proteger y regenerar los recursos que empleamos para producirlo.


Si tomamos en cuenta que el surgimiento de un solo un centímetro cuadrado (cm²) de suelo puede tomar de 100 a 1,000 años de manera natural, se requieren soluciones inmediatas y contundentes, además de aceleradas:

  • Por supuesto, un primer paso es dejar de dañarlo con el uso excesivo de químicos, y limitar hasta anular la expansión de la frontera agrícola.

  • Fomentar e impulsar la ciencia del suelo y vincularlo como eje transversal en la toma de decisiones.

  • La consideración del suelo como factor relevante en las políticas alimentarias y agrícolas será determinante, considerándolo de manera integral: fomento a la producción sostenible de alimentos saludables.

  • También, será necesaria la participación de los consumidores, demandando productos orgánicos y libres de químicos, como de los productores al cultivarlos.

  • Y, por supuesto, es necesario recuperar la fertilidad del suelo: debemos rehabilitarlo y estimularlo.

  • Para esto, la ciencia del suelo sugiere utilizar organismos vivos, ya que al estimularlos con ellos, la generación de suelos requiere menos del 2% del tiempo que tomaría su surgimiento de manera natural.


Foto: © Cynthia Pliego

El reto y el incentivo

El reto es enorme: la FAO señala que el 33% de los suelos agrícolas a nivel mundial se encuentran degradados.

El incentivo es aún mayor: a su vez, la propia FAO estima que la gestión sostenible de suelos permitiría producir 58% más alimentos.


La #SeguridadAlimentaria está ligada intrínsecamente a varios factores, y con ella se esperan múltiples resultados.

Sin suelos sanos, la producción de la mayor parte de nuestro alimento se pone en riesgo, constituyendo una amenaza no solo a la propia seguridad alimentaria, sino a varios factores, como:

  • rentabilidad de los cultivos, al reducir rendimientos por falta de nutrientes y el incremento de costos directos, al requerir fertilización adicional.

  • biodiversidad existente al intentar recuperar productividad con uso de químicos

  • lo que a su vez constituye un riesgo para los acuíferos.

  • ecosistemas aledaños, que serían las primeras en sufrir la expansión de la frontera agrícola.


En 1 cucharada de suelo hay más organismos vivos que humanos en el planeta. Foto: © Cynthia Pliego

La presión ejercida sobre los suelos, a su vez, se verá beneficiada si logramos reducir hasta eliminar el desperdicio de alimentos y disminuir la dependencia de proteína animal en nuestras dietas.


Aunque el enfoque en este artículo es la relación entre los suelos y la seguridad alimentaria, no debemos perder de vista que los suelos sanos son el principal soporte de múltiples beneficios: Quizá el más visible es la producción del 95% de nuestros alimentos, pero también son soporte del 25% de la biodiversidad del planeta, son el segundo mayor sumidero de carbono (después de los océanos), filtran agua y reducen riesgos de inundación, siendo su salud un factor determinante ante las condiciones de #CambioClimático.


Visibilizar el problema es un buen inicio para tomar acciones: No podemos esperar 100 años.



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